
Sonríe. Pase lo que pase, hazlo. Si tienes que morir, ¿por qué no hacerlo sonriendo?
My shadow's the only one that walks beside me, My shallow heart's the only thing that's beating, Sometimes I wish someone out there will find me, 'Til then I walk alone...
Me gustaría hablar de la droga más adictiva que ha conocido el hombre: el consumo. Sí, es una pastilla que cuando llega a manos de las personas ya no podemos soltarla, no podemos vivir sin ella. ¡Qué placer el de comprar!, ¿no? Consumiendo olvidamos todos nuestros problemas, las manos repletas de bolsas con artículos innecesarios y vanales que utilizamos para evadirnos de la cruda realidad que nos rodea. Es el placebo que día a día nos enseña a vivir. Sin embargo, lo bueno de esta droga es que no mata, por lo menos no a nosotros mismos. Cada euro que gastamos supone la muerte de millares de personas. Pero da igual. Todo da igual, no importa quién muera si yo puedo tener mi MP3 de doscientos euros, o mi camiseta de marca de cincuenta. Y he querido hablar de este fantasma porque nos llega a todos y nos aferramos a él. Seas negro, blanco, heterosexual, homosexual, hombre, mujer, anarquista, socialista, liberal o fascista el consumo no hace distinción. Te tragará y pasarás a formar parte de su estómago, pues nadie quiere negar el irresistible placer de consumir. Con esto me incluyo, y te incluyo lector. Estamos atrapados. Vivimos en una simbiosis con el consumo. Nosotros no podemos vivir sin él, él no puede vivir sin nosotros. Todos los que han intentado romper las cadenas de esta cárcel han muerto.